El niño y la globalización. Reseña del libro de Ana Ruth Najles
Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés
El niño generalizado
Poco se sabe sobre lo que se ha llamado “globalización”. Sí, poco, a pesar de tanta tinta derramada. Esto nos lleva a pensar en la globalización como una fuerza religiosa: se cree en ella, pero pocos llegan a comprenderla bien.
Pero, aún menos que menos se comprenden sus efectos en nosotros, en la persona, en nuestro psiquismo (para utilizar una palabra fea e inadecuada, pero útil por conocida), por eso resulta interesante y estimulante la reflexión que realiza Ana Ruth Najles en: “El niño globalizado. Segregación y violencia” (1), porque en este texto trata del efecto globalizador en el niño. Pero, ¿qué decimos cuando nombramos niño? ¿Qué es un niño? Y aún más ¿qué es un niño globalizado?
Para Jacques Lacan, la diferenciación entre adultos y niños no se sostiene si tomamos en cuenta la relación del ser que habla con el discurso. El ser humano como cuerpo, sólo es goce, llega la palabra y lo divide, es cuerpo y lenguaje, y mientras más habla, mientras más campo gana la palabra, es menos cuerpo. Hablamos entonces de un “niño generalizado”, en las palabras de Lacan que da su verdadero sentido a la frase de Malraux: “no hay personas mayores”, que sigue la línea de Freud, cuando sostenía que todos estamos en la inmadurez mientras no aceptemos la muerte como aquello para lo que hemos nacido.
El “niño generalizado” es la entrada “de un inmenso gentío en el camino de la segregación”, que significa un ser hablante sin responsabilidad, objeto pasivo de consumo. Después de todo, es tan solo en el siglo XIII cuando comienza a constituirse el concepto moderno de niño y cuando aparece la preocupación por su educación, por su cuidado especializado, etc.
Globalización del cuerpo
Estas ideas son desarrolladas por Najles desde su lectura de la obra de Jacques Lacan. De otro lado se encuentra la pregunta por la globalización, para contestarla, Najles recurre al más importante filósofo italiano contemporáneo: Giorgio Agamben (2), quien distingue entre “zoe” y “bios”, entre el ser humano como simple ser viviente y el hombre como sujeto político. La globalización buscaría entonces, únicamente lo “bios”, operando una generalización que borra lo particular, esto produce a su vez, una exclusión, ya que las particularidades se ven como segregaciones múltiples en una economía de mercado. En fin, que los estados modernos, buceando en una economía de mercado, pretenden una legislación que valga para todos y excluya las diferencias.
Decíamos que se ha derramado mucha tinta sobre la “globalización”, decíamos también que se cree en ella pero sin lograr comprenderla plenamente, como ejemplo pongamos la famosa “ética de la comunicación” de Karl Otto Apel que apela a una prueba de exclusión: excluye a quien no quiere comunicar, a quien quiere callar, para Apel no existiría tal hombre porque al momento de callar estaría comunicando que no quiere comunicar, contra esta afirmación rotunda de “responsabilidad” de comunicar se opone Agamben, sosteniendo, con claridad que, aunque el lenguaje presida al ser humano, lo espere ya siempre una lengua, esto no presupone la voluntad de comunicar, al contrario cuando el “lenguaje no siempre es comunicación, sólo si testimonia de algo que no puede ser testimoniado, el hablante puede experimentar algo así como una exigencia de hablar” (3)
Ante este panorama, el discurso del psicoanálisis contesta con la “política del dispositivo analítico”, partiendo de que la “norma del deseo y la ley son una y misma cosa” (Lacan). No es posible escaparse de la ley, de la norma, pero tampoco se la puede aceptar pasivamente, ¿qué hacer entonces? Interpretarla —en el sentido lacaniano del término. La política del psicoanálisis es la de una ética del discurso, es decir, la de una política del síntoma y sabemos que el síntoma es un acontecimiento del cuerpo.
Con claridad Ana Ruth Najles defiende la interrelación entre psicoanálisis y política, sostiene: “Es por ello que la ética del psicoanálisis contesta a la «biopolítica» reinante con la política del dispositivo analítico” (pág. 37), siguiendo así la enseñanza de Lacan respecto a que el psicoanalista debe responder al malestar en la cultura de su época, que en nuestro caso es el imparable avance de la ideología científica y la tecnología que intenta con éxito forcluir o taponar la particularidad, lo singular de cada ser-hablante promoviendo un ideal de universalidad, que está alejado del acercamiento a la “genericidad” teorizada por Agnes Heller (4).
El lugar del niño en la época de la globalización
Freud en su: “Introducción al narcisismo”, había hablado de “his majesty the baby” ya que éste, el niño, ocupaba el lugar del “yo ideal” perdido por el llamado adulto; en el mundo actual, este “yo ideal” que representa el niño, tiene un sentido para la madre y otro diferente para el padre, el infans no habla, perdido para siempre, sólo puede ser recuperado retroactivamente, es decir, en el fantasma de cada uno de los padres.
En la naciente burguesía, los hijos representaban la esperanza de ascenso social, pero este primer impulso ha desaparecido en el actual discurso capitalista (Cf. discurso capitalista), sustituido por el intercambio de los cuerpos por otras mercancías, esto quizá —sostiene Najles— explique, en parte, el actual maltrato infantil y el tráfico de niños vendidos por sus padres como objetos sexuales.
En una época determinada son los significantes-amo, que son los que autorizan lo que está permitido y lo que no lo está, en el tiempo que es el nuestro, podemos afirmar que uno de los significantes-amo que se valoriza cada vez más es aquel de la imagen, tener un cuerpo delgado: “en línea”, que se ha transformado —dice Najles— en un “ideal voraz” o lo que es lo mismo en un mandato superyoico. Emular a las top model —como semblante femenino— es la adecuación más extrema a la norma imperante.
El lazo social propuesto por el psicoanálisis frente al goce del cuerpo
La respuesta de Jacques Lacan al problema de la segregación de los cuerpos es la ética del psicoanálisis, ya que “en el principio de nuestra función está una ética”, ética que se define como poner ceder parte del goce, en tanto que este nos encierra en el displacer y el malestar.
Afirmar —con Lacan— que no sólo la fraternidad sino todo cuanto existe en la sociedad se basa en la segregación, es equivalente a decir que todo lo que es social se efectúa en “nombre de algo”, ese algo que se separa, que se produce, es el goce, Lacan dirá: “no hay discurso más que por el goce”, este enunciado se entiende mejor con la afirmación de Freud sobre el narcisismo de las pequeñas diferencias, todos podemos ser buenos amigos o hermanos mientras tengamos un tercero en quien descargar los golpes (será René Girad será quien lleve esta idea hasta sus consecuencias máximas en el “chivo expiatorio”).
El plus del libro
En “El niño globalizado. Segregación y violencia”, encontramos, además, como un plus de su discurso, material bibliográfico importante que puede ayudar a aquél preocupado por la educación o al investigador del campo social. Es un texto bien cuidado, se trata de la publicación de la exposición que Ana Ruth Najles hiciera en 1999, en la ciudad de Cochabamba, en el coloquio sobre: “La práctica de psicoanálisis con niños”.
Sabemos que Ana Ruth Najles es analista miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, que ha formado parte de la organización y la coordinación del Centro Pequeño Hans y es asesora del módulo sobre Infancia del centro Descartes, perteneciente al Instituto del Campo Freudiano. Ha escrito también: “Problemas de aprendizaje y Psicoanálisis”, “Una política del psicoanálisis —con niños—“.
Citas y bibliografía:
(1) Ana Ruth Najles. El niño globalizado. Segregación y violencia. (La Paz: Asociación del Campo Freudiano en Bolivia. Plural Editores, 2000)
(2) Giorgio Agamben. Homo sacer. El poder soberano y nuda vida I. Trad. Antonio Gimeno Cuspinera. (Valencia: Pre-Textos, 1998)
(3) Giorgio Agamben. Lo que resta de Auschwitz. Homo sacer III. Trad. Edagrdo Castro. (Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2017)
(4) Ágnes Heller. Sociología de la vida cotidiana. Trad. J. F. Yvars y E. Pérez Nadal. (Barcelona: Ediciones Península, 1998)


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