MIMESIS
Autor: Marco Antonio Loza Sanjinés
"¿Cómo se empieza a pensar?"
En
una entrevista (1) Philippe Nemo pregunta a Emmanuel Levinas: "¿Cómo
se empieza a pensar?", es decir, cómo un filósofo encuentra las
preguntas fundamentales, ¿se interroga a sí mismo buscando el
acontecimiento original, o se comienza interrogando los libros, las
obras de otros? Emmanuel Levinas responde que es en la lectura de
libros, donde se dan los verdaderos choques de los que surgen las
preguntas y los problemas. "Pienso —dice Levinas— que en el gran miedo
de lo libresco se subestima la referencia "ontológica" de lo humano al
libro, que es considerado una fuente de informaciones, o un "utensilio"
del aprender, un manual, cuando es una modalidad de nuestro ser".
Los
libros son pues una "modalidad de nuestro ser", no simples instrumentos
o utensilios, enmarcan las preguntas fundamentales, las generan.
Levinas sabe muy bien —discípulo de Heidegger— la carga que tiene la
palabra "Ser", "modalidad del ser", "modus", el libro como uno de
los accidentes del ser. En su libro: "Difícil Libertad", sostenía que
la Escritura (bíblica) no era la subordinación del espíritu a la letra
sino la "sustitución del suelo por la letra", "sustitución" en el
sentido del uso en latín, como causa, "donde el complemento directo es
la cosa que se pone en lugar de otra: Pro te Verrem substituisti alterum civitati" (2).
Leer a Aristóteles
Hay
una "modalidad del ser" que puede ser alcanzada entonces por medio de
la lectura, por medio de ese movimiento de sustitución. Tal la maniobra
que propone el libro de Viviana Suñol: leer a Aristóteles,
interrogándolo sobre la Mimesis, desde un plano distinto de aquél que
tiene a la interpretación estética como rasgo dominante.
La
ventaja de la lectura de Suñol se encuentra en que transita por los
textos de Aristóteles en griego clásico utilizando, como todas las
buenas traducciones, la edición de Bekker de 1831.
Viviana Suñol interroga la Poética de Aristóteles, que es donde se encuentra uno de los conceptos más singulares de su obra: (Mimesis), traducido comúnmente como "imitación",
que curiosamente Aristóteles, no explica ni define, pero que diferencia
mediante tres criterios (sus famosas: "con qué medios", "qué cosas" y
"cómo"), con ellos podemos delimitar por ejemplo, que la Mimesis no se
refiere a "copiar" lo que existe, sino a mejorar lo real. En la Poética, Aristóteles utiliza por primera vez el vocabulario mimético:
"La
épica (epopoiia), la poesía trágica (he tés tragoidias poiesis), la
comedia, la ditirámbica (he dithurambopoietiké) y la mayoría (he
pleiste) de la aulética y de la citarística, todas son/resultan ser
(tugchánousin oúsai miméseis) mimesis en su conjunto (tó súnolon)". (Viviana Suñol, Más Allá… Pág. 43).
Viviana Suñol además, investiga la Mimesis en la Política, en los capítulos VII y VIII, cuando Aristóteles toca su lado pedagógico que está en relación con el modelo y el ejemplo, también en la Retórica, donde se encuentra la evolución histórica de los conceptos de semejanza e identificación. O, en su Metafísica en el que la mimesis aparece como correspondencia causal y como analogía. En la poco comentada "Historia de los Animales" de Aristóteles, la mimesis se encuentra en las comparaciones biológicas.
Actualidad de la Mimesis
A
mediados del siglo XX surge un interés nuevo por la Poética
independiente de la Retórica, ésta había ganado preeminencia debido al
estudio de las figuras estilísticas a las que se quería reducir la
Poética. Así, el ejemplo paradigmático es la aparición en 1960 del
ensayo: Lingüística y Poética (3) de Roman Jakobson, enunciando que el primer problema de que se ocupa la Poética está circunscrito por la pregunta: "¿Qué es lo que hace que un mensaje verbal sea una obra de arte?".
La búsqueda de la respuesta hace que Jakobson modifique radicalmente el
modelo comunicacional de Karl Bühler, encontrando en la "función
poética" que se centra en el mensaje, es decir, tomando el mensaje por
el mensaje mismo, la función dominante en una obra literaria, donde "se
profundiza la dicotomía fundamental de signos y objetos" (Jakobson, pág.
358), es decir, lo que en la Poética de Aristóteles funciona como mimesis. Pero en Aristóteles la "imitación" (mimesis) o el "imitar" (mimeisthai) tiene relaciones internas que se alejan de la "copia" de la realidad y, más bien, el significado de mimesis y mimeisthai se establece "en
el arte de crear personas vivas en una obra, el arte de realizar un
mundo creíble que aun siendo irreal, resulta en sí mismo casi real" (4).
También
Hans-Georg Gadamer se ocupa de la mimesis aristotélica y de su
actualidad en la visión del arte actual, pero él ve en la mimesis una
"representación", es decir, una "construcción": toda "obra" de arte es
una transformación de la realidad. "Lo representado en el juego del arte es una realidad superior, es lo verdadero (…)" (Suñol. O. C. Pág. 217)
Viviana
Suñol critica esas posturas denominadas post-modernas (que proliferan
por doquier) y que hablan del fin de todos los grandes relatos y, entre
ellos, los que legitiman la obra de arte y, por tanto, del fin de la
mimesis, sostiene —con razón— que muchas veces se contradicen y que es
impensable prescindir del vocabulario mimético o de su historia
cultural, puesto que "la mimesis sigue siendo la principal
herramienta conceptual por medio de la que aún hoy se intenta resolver
los problemas capitales de la reflexión filosófica sobre el arte". (Suñol. O. C. Pág. 223).
Nota biográfica:
Viviana Suñol
es Doctora en Filosofía por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP),
investigadora asistente del Consejo Nacional de Investigaciones
Científicas y Técnicas. Se ha dedicado al estudio del significado de
Mimesis en el corpus aristotélico.
Notas:
(1) Emmanuel Levinas. Ética e Infinito. (España: La Balsa de la Medusa, 1991). Págs. 23-24
(2) María Moliner. Diccionario de Uso del Español. Versión Digital 3.0
(3) Roman Jakobson. Ensayos de Lingüística General. (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1981). Pág. 347
(4) Ingarden, Roman. Citado en: Viviana Suñol. Más allá del Arte: Mimesis en Aristóteles. (Argentina: Universidad Nacional de La Plata, 2012). Pág. 216.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario